La otra Diosa

La vida pasó volando, aquellos días lejanos en que era diosa núbil de apenas dieciocho años o diva universitaria que devoraba hombres a su antojo. Habían pasado años, casi como sentarse en la playa a contemplar el ocaso; puede ser sublime, interminable y eterno; pero inexorablemente se va, en segundos.
Aquellos dias de juventud pasaron, son casi nada, imperceptibles al recuerdo. Ahora: la rutina, los hijos, el esposo. Hoy es un sueño borroso de una vida que parecía brillar con luz propia.
Las risas, susurros de amantes furtivos, miradas indiscretas que manosean al pudor, comparten el único diálogo del que son capaces en su prisa por verse, cada caricia, cada parte de su cuerpo explorada y sofocada a besos es una palabra dicha en un lenguaje de locos, locos por buscar que hay más allá de sus cuerpos y del final que siempre llega como un premio y un alivio a sus pecados.
Tendida en una cama de hotel barato, pensativa, queriendo buscar escondite a sus pensamientos que recrean la imagen del mundo a las once de la mañana fuera de esas cuatro paredes sórdidas y olor a desinfectante. Un mundo que igual cierra sus ojos hipócritas y despiadados a la posibilidad de que la esposa perfecta, la dama, la señora de camioneta nueva,el ama de casa ejemplar, se escabulla en dirección opuesta a su universo y vaya al encuentro de su amante; al que solo llama cuando quiere suprimir su condición de olímpica por un descenso al la parte obscura de su alma.

 

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