El Corazón en los pies

Apenas las seis de la mañana y llevando ya una hora despierto con los ojos en la penumbra, observando el contorno del balón, las largas calcetas, los zapatos deportivos de piel suave y brillante cuidadosamente lustrados la noche anterior, la polo roja y el escudo bordado al pecho, al lado izquierdo, al corazón.

Todo listo desde la noche anterior; el pantalón corto, espinillas, vendas, camiseta, doble calceta, ungüento para los golpes, zapatos tacos; todo perfectamente doblado y acomodado como en conjunción con los astros para salir a la batalla final, a la apuesta por la conquista del mundo y la vida, todo en un sábado por la mañana.

No había poder mas grande en el mundo que fundarse en aquel uniforme y esperar a entrar al campo, aguardar pacientemente a que el entrenador volteara e hiciera el tan ansiado llamado al once ideal. Nada mas, solo eso, pasión pura y cristalina de niños tras un balón, sin pretender nada mas, sin que otra cosa en este mundo fuera más importante que buscar la inmortalidad con un gol de sábado por la mañana.

 

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